Daniel Tordera - Autor




Otro Día Cualquiera en la Oficina de Correos

Cada vez que él le hablaba del último sobre rechazado su compañera le miraba sin saber qué decir. “Este tenía una esquina algo doblada”. “En este no se entendía bien la dirección”. “La cara del rey estaba pegada boca abajo ¡Es intolerable!” Y así iban todas las cartas, directas de la saca a la papelera. Ella le miraba y dudaba si acudir al director de la oficina para denunciarle. Él pensaba en todas esas cartas de papá que su madre nunca le hizo llegar.


Fecha: 11.07.2021

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Te Perdono

No había ni insultos encolerizados, ni platos rotos, ni portazos seguidos del silencio más absoluto. No había ninguna escena digna de película, de reality casposo o de novela de escritor venido a menos. Nos enfadábamos por alguna tontería –éramos muy cabezones– y dejábamos de hablar, el uno con el otro –éramos muy orgullosos.

No había ningún tema o causa recurrente en nuestros enfados, ni ninguna razón o acto grave. Tampoco nos enfadábamos de forma continua. Simplemente lo hacíamos y, cuando esto sucedía, pasábamos las horas sin hablar.

Sin embargo, el silencio no duraba más de dos días. El mecanismo que sucedía en mi mente era similar en cada una de estas ocasiones. Y cuando todo pasaba me preguntaba cómo podía cometer tantas veces el mismo error y, sobre todo, cómo lo hacía tras prometerme que a la siguiente vez estaría más alerta, que no dejaría que las diferencias llegasen tan lejos, que no permitiría que se crease una barrera invisible entre nosotros.

Siempre reflexionaba. Y la conclusión a la que llegaba era la misma siempre. Un día sin hablar con ella era un día perdido. Como si ese día no hubiese existido jamás en el calendario, como si el tiempo no hubiese sido vivido ni las experiencias añadidas a mi bagaje personal. Pensaba, a menudo en largos paseos tratando de despejar mi mente y de huir del vacío estridente que retumbaba en nuestro hogar, que el verdadero amor, el acto de valentía, es aquel en el que se ama a la otra persona con sus imperfecciones. Poco valor tiene un amor sin defectos, como podría ser el amor a Dios. Alguien que nos ama incondicionalmente sin importar lo que hagamos, alguien cuyo amor es perfecto. ¿Dónde queda ahí la humanidad? Era en esos momentos cuando solía recordar la cita de Camus –o no, nunca he estado del todo seguro que fuese él quien lo dijese– que decía que al encontrar y enamorarse de alguien se queda esperando a descubrir sus defectos para poder amarlos de la misma manera, con la misma intensidad.

Volvía a casa con las ideas más clara y la intención de romper ese silencio. También aquí siempre hacía lo mismo. Me acercaba donde ella estuviese, por lo general dibujando en su estudio, y me quedaba mirándola. Ella advertía mi presencia y levantaba la vista. Entonces, en el punto exacto cuando la expectación es máxima pero la impaciencia aún no ha aflorado, le decía:

–Venga, va. Te perdono.

Ella siempre saltaba.

–¿Cómo? ¿Qué me perdonas tú a mí?

Entonces nuestras carcajadas deshacían el silencio y todo quedaba olvidado.

Hoy, tres años después de su partida, doy gracias por todos esos días no perdidos.


Fecha: 27.06.2021

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Pizarnik

Sentado en aquel café me acerqué a la desconocida que leía a Pizarnik.

“Tú, yo, un viaje, dos condiciones”.

Ella me miró con curiosidad.

“La primera, tú eliges el lugar al que vamos y yo desde el que volvemos, compramos billete de ida a tu destino y de vuelta al mío e improvisamos todo el resto de nuestro viaje. La segunda, sin equipaje”.

Ahora conversamos sobre poesía en otro café. En Bali.


Fecha: 06.06.2021

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Él No Está Allí

El sol de primavera acaricia la hierba, su luz derramándose sobre los campos de amapolas y de lavanda. Las mariposas han roto sus sarcófagos de hielo, el estallido resonando en el filo de la mañana. El ciclo de la vida vuelve a su punto de partida, el despertar, el nacer, el eterno retorno.

Pero él no ve nada de eso.

Dentro estaba oscuro, el aire pesa como los sueños frustrados y los rayos se esfuerzan en vano por penetrar las persianas de aquella fortaleza autoimpuesta.

La botella sube y baja, las pausas son silencio, el tiempo, soledad. Sube y baja, el líquido se consume al mismo ritmo que su alma. Sube y baja pero él no está allí.

Su cuerpo hundido en aquel viejo sofá, su mente anclada en el pasado. La botella se acaba y ahí se queda mirando el culo vacío.

Pero él no está allí.


Fecha: 16.05.2021

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Ladrones

A mí una vez me robaron todas las sillas de casa. Abrí los ojos y no estaban. Al mirar alrededor vi que no solo se habían llevado las sillas. Se llevaron también la mesa, aquella en la que solía escribir cuando estaba harto de todo, el sofá, el piano. Ya nunca volverían a sonar sus notas en las tardes melancólicas. Se llevaron la ducha, en la que cada noche me desinfectaba de la podredumbre de este mundo, el sillón, los cuadros. Y con ellos la única parte de belleza que me quedaba. Se llevaron la cama, ya nunca más se mezclarían los gemidos entre sus sábanas, la ropa, las estanterías. Y con ellas se llevaron miles de historias y vidas, un auténtico genocidio. Pero no pararon ahí. Al mirar dentro vi que se habían llevado mis sueños y mis esperanzas. Se llevaron el futuro y el mañana. Se llevaron todo aquello por lo que merecía luchar, aquello por lo que salir de la cama cada mañana. Aunque ya hiciese un tiempo que no podía levantarme de ella, aunque ya hiciese un tiempo que avanzaba por la senda de la auto destrucción.

Sin embargo no todo fue negativo. Por suerte también se habían llevado el espejo.


Fecha: 25.04.2021

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